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jueves, 10 de julio de 2014

La importancia de un buen consejo

Llevaba varias semanas buscando un hueco para poder ir a la peluquería. Mi pelo me lo demandaba a gritos, pero su voz apenas se oía entre el inmenso mar que rugía a mi alrededor. Hará unos días, mientras paseaba por Sabadell, vi una peluquería de la zona en la que no había que pedir hora. Parecía una señal divina, así que entré y me senté a disfrutar del momento.

Salí de allí bastante contenta, pero a medida que paseaba por la calle, disminuía mi alegría. Todas coincidiréis conmigo en que es muy difícil encontrar un buen estilista. Yo no suelo ser muy exigente, y me precio de ser una clienta bastante “fácil”: a todas les digo que me pueden hacer lo que quieran siempre que me quede bien y que me sea fácil de mantener (soy buena en el maquillaje y la moda, pero un desastre en la peluquería). La chica me dijo de hacer un corte Bob con flequillo recto, y como ella era la experta, acepté. Error. Al salir, parecía la hermana pequeña de Las Virtudes o Uma Thurman escapando de Pulp Fiction. Por suerte, mi pelo tiene mucho genio y a los dos días ya tenía un aspecto más decente. El pelo crece, así que no me lo tomo demasiado a pecho.

¿Qué es lo que falló? Principalmente, el asesoramiento. La estilista parecía más interesada en venderme los productos y tratamientos (o en aplicármelos sin avisar del suplemento, como la plancha) que en pararse 5 minutos y pensar si me quedaría bien o tendría que mudarme a una de las pirámides de Egipto. Otra de las técnicas, espantosa para vender, fue insistir en que tenía muchas canas (hola???por eso me tiño). No dije nada, pero está claro que a esa peluquería no vuelvo.

Pensaba que lo había sacado todo de quicio, que era una exagerada. Pero hablando con mis amigas, descubrí que no era la única a la que le había pasado lo mismo. Parece ser que éstas son las técnicas de ciertas cadenas de peluquería, interesadas más en cargar con suplementos un servicio que en dar un buen servicio, dejando que sus clientas se queden con un mal sabor de boca y que decidan no volver.

¿Qué hay que hacer? Escuchar, escuchar y escuchar. Así sabrás qué es lo que quiere tu clienta y podrás aconsejarle con seguridad y profesionalidad. El objetivo no debe ser vender, sino que esté contenta con tu trabajo y decida volver.

Yo sigo este consejo en todas mis sesiones: trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti. Nunca falla!!!